Cansancio de esperar, amargado por esta situación, harto de ver pasar los días sin que nada cambie, preferiría morirme viendo tu imagen, contemplando tu figura desnuda. Al menos moriría feliz con la certeza en mi sonrisa de haberte encontrado.
Pero es que de verdad estoy harto de no saber, de no poderte reconocer. No eras esos labios que me besaban sin conocer mi nombre ni esos ojos torcidos que me enamoraron, ni ese amor imposible que me hizo enfermar, ni el beso en el parqueo, ni el sexo de los domingos por la noche en el cuarto de siempre, ni el abrazo de tango, ni el olor y el calor de milongueras. No eras la arisca, ni la bigotuda, tampoco la de ojos claros ni la loca de pelo negro. no estuviste en el beso robado ni en la cachetada que me dejó caliente la mejilla, ni en la negra novia del marciano, no eras la del bus, ni los pechos tibios y menos aún aquellas nalgas frías. Tampoco 28 nombres de mujer, ni estabas en los colochos de Cristina ni los de Alice, ni en el lunar de Lorena ni en el paraguas de marca de la gata. Y no lloro porque seas mi único fin en la vida, no no para nada. Solo quiero verte, quiero querer de todas formas y colores con alguien con quien pueda coleccionar esos infinitos quereres.
Pero diay, no llegás y yo con esta presión en el pecho que es como toda el agua del mundo que quiere salir al mismo tiempo y pues ya no la contengo, toda sale por los ojos y no sé como detenerla. Tal vez todavía me hace falta cambiar mucho, aprender mucho, arreglar mucho, pero por lo que mas querás ¿no te gustaría aparecer de una? así como mágicamente y nos vamos conociendo o si ya nos conocemos deme un indicio, una señal, un guiño para sosegarme. Es que tengo miedo de hacerme duro, árido porque toda la humedad se me vaya por los ojos y de que cuando nos veamos yo ya no tenga nada para compartir.
Así seco como el desierto.